La solidaridad es la fuerza de la gente débil.
Hugo Ojetti. Escritor y periodista italiano

miércoles, 6 de julio de 2011

Hemingway

Ernest Hemingway
            Hace medio siglo, un 2 de julio, moría Ernest Hemingway. No se sabe bien si fue un suicidio bien premeditado o un accidente con su escopeta de caza. Lo que si se sabe con exactitud, es que mucho tuvo que ver el incipiente mal de Alzheimer (Ese viejito alemán que le esconde las cosas a muchos mayores).


            Desde muchacho y hasta ahora mismo, me han cautivado varios autores de la narrativa; León Tolstoi, quien escribió una de las más difíciles obras de todos los tiempos, como “Guerra y Paz” (Война и мир o Voiná y Mir en ruso) en que para no perderte debes hacerte una “chuleta” con los personajes y quien se casa con quien o quien odia a quien.

Gabriel García Márquez
Gabriel García Márquez también está entre mis preferidos. Como es natural, los “Cien años de soledad” o “El otoño del patriarca” se me asemejan un poco a la prosa de Tolstoi, pero más mágico y tropical que “Guerra y Paz”. Por cierto, “Cien años de soledad” fue publicado en 1961, el mismo año de la muerte de Hemingway, hace 50 años.

La Vigía, Cuba
Ernest Hemingway tiene entre sus obras más famosas y relevantes a “Por quién doblan las campanas”, “El viejo y el mar”, “Fiesta” o “Adiós a las armas”.

Hace algunos años volví a Cuba, esta vez de turista y no podía dejar pasar la oportunidad de visitar los rincones de Hemingway. Nos fuimos a la finca “La Vigía” que ahora es un museo que mantiene el gobierno cubano. Cuando visitas su casa empiezas a comprender, las rarezas y extravagancias de un autor. Te quedas con el sentimiento que para escribir de esa manera fascinante, hay que estar un poco loco o ser muy, muy listo.

En La Vigía
A Hemingway le gustaba llevar zapatos grandes y sin cordones (mocasines) que se calzaba pisando el contrafuerte, quizás para no caerse al agacharse, porque la mayor parte del tiempo pasaba más que entonado con el Wisky y con el Ron cubano.

Justo a la entrada, un pequeño cañoncillo (de verdad) le servía para disparar una salva en honor de algún visitante ilustre. Cuentan que una vez hubo un visitante que no sabía tal costumbre y que al oír el estruendo, pensó que le estaban disparando a él, por lo que corrió por entre los matorrales de la finca y nunca más apareció por ahí.
Museo la Vigía. Despacho

También en dicha casa están las tumbas de sus gatos y sus perros que a medida que iban muriendo los enterraba y les ponía un mármol con el nombre del animal, todo un cementerio de animales.


Junto a la piscina, crecía una gran Ceiba, un árbol maravilloso del trópico que se considera casi sagrado. El árbol crecía y crecía, invadiéndolo todo con sus ramas. Hemingway, había prohibido cortarle ni siquiera una sola hoja. En una de sus ausencias, su esposa Mary ordenó al jardinero que podara un poco las ramas. Tal fue el enfado de Hemingway, que el jardinero desapareció de la casa, perseguido por el escritor con una escopeta.


Yate de Hemingway la "Pilar"
En el museo existe una pequeña biblioteca con obras de Hemingway y curiosamente, todo en inglés, nada en español. Me explicó la directora que nunca habían tenido nada en español porque el autor no publicó nada en Cuba. De vuelta a Alicante, junto con la Asociación de Amistad con Cuba, organizamos una compra de títulos de Hemingway en español y un compañero viajó a la Habana e hizo la donación al museo.

Hemingway era un trotamundos y un visitante observador y curioso. Pocos saben que vivió en Valencia, que conoció media Europa, muchas veces con las armas en las manos, en las grandes guerras Europeas, pero también gustaba de visitar lugares tranquilos que luego servirían de punto de partida de sus obras.

Restaurate de Cojímar. Cuba
En Cuba son famosos, “La Bodeguita de en Medio” un pequeño restaurant típico en la calle Empedrados 207, a escasos metros de la Plaza de la Habana Vieja, o el "Floridita", un bar antiguo donde Ernest tomaba su “Daikirí” por las tardes.

Gregorio Fuentes
O un mojito en un viejo local (hoy restaurant) en la caleta pesquera de Cojímar en la Habana del Este (entre las localidades Alamar y Cojímar). Ahí entre mojito y mojito y basándose en un amigo cubano de origen canario llamado Gregorio Fuentes (falleció hace poco a los 104 años) que trabajaba para Hemingway, escribió en 1951 “El viejo y el mar”, para relatar de forma fascinante la lucha por la supervivencia y más que nada por la autoestima y el respeto de sus semejantes.



Monumento a Hemingway. Pamplona
Quería escribir algo de Hemingway, no solo porque se acaban de cumplir 50 años de su muerte, sino también, porque estamos a pocas horas de que en Pamplona (Navarra) empiecen las fiestas de los San Fermínes, que Hemingway hizo famosas en su libro “Fiesta”.


Fiestas de San Fermín
A mis lectores no españoles o que no conozcan estas fiestas, les comento que en estos momentos, en Pamplona, los pamplonicas y visitantes, se visten de blanco, con un pañuelo rojo al cuello y un fajín del mismo color.  A las 12 del mediodía se lanza un cohetillo (el chupinazo) y al grito de “Gora San Fermín” (viva San Fermín) empieza la fiesta más tradicional y visitada de España.

Encierros de San Fermín
Mañana por la mañana, exactamente a las 8.00 y durante toda la semana a la misma hora, se libera una pequeña manada de toros, que atraviesan la ciudad por un recorrido establecido hasta la plaza de toros. Los mozos correrán delante de las astas de los animales “protegidos” con un periódico enrollado en la mano, jugándose la vida.

No me pregunten por qué.  Ni el porqué del periódico, ni el porqué de correr delante del toro, ni el porqué de arriesgar la vida.

Cartel de Fiesta 2011
Quizás Hemingway nos dio la respuesta. Es como probarse a si mismo, es como levantar la autoestima de cada cual y que también hay otros valores que no se compran ni se venden, en la vida hay cosas que hay que hacer, sin esperar pago a cambio. También lo refleja Hemingway en “El Viejo y el Mar” o “Por quién doblan las campanas”. Deberíamos releerlos en estos tiempos inciertos de crisis económica y ética.

Los mozos que corren el encierro por las calles de Pamplona, primero se encomiendan a San Fermín con una cancioncilla: A San Fermín pedimos por ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro dándonos su bendición”

 
Dentro de una semana terminará la Fiesta, también con otra cancioncilla; El "Pobre de mi": "Pobre de mi, pobre de mi, que se a cabado la fiesta de San Fermín". Pero eso será el día 14 de julio.

            ¿Porque lo hacen? No lo sé, pero si se divierten muchísimo. Debiéramos aprender de ellos.

¡Gora San Fermín!, ¡Gora Hemingway!





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